Objetos que interactúan en nuestras vidas y que pasan desapercibidos.

En nuestra vida diaria coexisten con nosotros objetos que por su cotidianidad no reparamos en sus detalles, y cuando los vemos de frente, hasta nos parecen objetos distantes e irreconocibles.

Se escucha el despertador, comúnmente lo preparo por la noche para que suene a la 6:00 a.m.; durante 15 o 20 minutos forcejeo contra la cama que no me deja levantarme, acto seguido y con mucho trabajo camino hacia la regadera, la toalla esta en su lugar, abro la llave del agua caliente, un poco después la del agua fría, finalmente me quito la pijama y me meto a bañar, tomo un poco del shampoo que siempre compro en la misma tienda de siempre, después, el jabón, el mismo que huele a lo que digo que me gusta. Terminó de bañarme y salgo de la regadera, tomo el cepillo de dientes y lo meto a la boca, poniendo la misma cantidad de ese producto que sabe a menta, uso el desodorante, me permití cambiarlo porque el anterior me irritaba la piel, voy a mi habitación y busco algo que ponerme, me visto, salgo de la casa, voy a ese lugar donde compro el cafe que me gusta tomar, me dirijo al trabajo, me siento en mi escritorio, leo la lista de pendientes, hago lo que puedo hacer y se agregan más pendientes a esa lista, pronto darán las 2 p.m. es la hora de ir a comer, regreso, me tomo un café pues la comida me produce sueño, ya darán las 5 p.m. es hora de regresar a casa, llego a casa, saco al perro, regreso, leo un poco, veo aquella serie que pasan en el mismo canal de siempre, es hora de dormir, apago la luz, preparo el despertador y duermo.

La misma rutina se repite durante la semana, es como un libro que se abre en la misma página, es todo tan rutinario, pero no pienso en ello, a veces cambia un poco, pero me doy cuenta de algo; he dejado de observar.

Un día despierto, curiosamente lo hago antes de que suene el despertador, salgo de la cama, camino hacia la regadera, al abrir la llave siento el agua que recorre mi cuerpo, levanto la vista y aquel objeto que deja salir el agua resulta tan diferente, es gracioso como esta configurado, deja salir el agua de manera uniforme, tiene unas secciones de color negro y en cada una de ellas hay bastantes orificios que a su vez tienen una forma característica.

¿Cómo es que antes no lo había visto?

Llevo casi 10 años en este departamento y nunca había visto que la regadera que uso a diario, es tan graciosa, tan única, tan diferente al salero que uso en el desayuno y la comida, ambos objetos tienen orificios, son tan parecidos pero a la vez tan diferentes, son de los mismos materiales reflejantes pero tan distintos, cada objeto es singular, y en su singularidad viven, pasan sus “vidas” de incógnito, son tan necesarios, pero tan olvidados.

Son sólo objetos cotidianos.

Hoy me detengo en cada uno de ellos y trato de encontrar eso que los hace únicos, es un ejercicio de observación, y un ejercicio también que me libera de lo rutinario.